Isabelle d'Ornano pidió a su amigo, el escultor polaco Bronislaw Krysztof, que diseñara el frasco de Izia. Una escultura abstracta, como si de dos guijarros en una playa se trataran, colocados uno encima del otro. El tono rosa del cristal juega con la luz imprimiendo suaves reflejos, que recuerdan al corazón solar de la Rosa Izia.